El olor a incienso se mezclaba con la humedad del lugar, impregnando las narices de los feligreses que asistían a la eucaristía de la noche. Los cantos del coro acompañaban de fondo las oraciones de los creyentes, mientras que el sacerdote levantaba con los ojos cerrados la hostia que representa el cuerpo de Cristo.
A su lado, un monaguillo miraba, distante, como aquel hombre continuaba con el rito sagrado, mientras que él, solo lograba recordar con un nudo en el estómago lo que había sucedido momentos antes.
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En su lugar también hubo otros diez jóvenes fieles entregados a la religión católica, quienes, en su momento, sintieron el mismo dolor y confusión del menor.
Los pecados del sacerdote
Corría a fines del año 1980 debido a que Rudolph Kos, quien para ese entonces era Seminarista, decidió ingresar al uno de los monaguillos de su institución en Dallas, Texas.
Con juegos, dulces y sobre toda autoridad, en la Iglesia Católica de Todos los Santos en el norte de Dallas, Kos empezó a manipular a los menores para que se acercaran a él. Una vez ganada su confianza, los llevaba a claustros para darles alcohol y sedantes.
De acuerdo con las denuncias de las víctimas, una vez el cóctel hizo efecto, el parroco comenzaba a tocar sus genitales, les hacía masajes en los pies y abusaba sexualmente de ellos.
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Entre 1980 y 1992 abusó de aproximadamente 11 niños durante su infancia y adolescencia. De hecho, en el juicio uno de ellos testificó que el sacerdote lo agredió sexualmente hasta cuatro veces a la semana con una duración aproximada de 5 años.
De ellos, 10 pudieron levantar la voz y establecer las denuncias aplicables ante las autoridades, las cuales tuvieron finalmente efecto en 1997, cuando se emitieron ocho órdenes de arresto en contra de Kos y precisamente por ello fue capturado en San Diego en octubre de ese año .
El caso de Jay Lemberger
Cuando los casos comenzaron a destaparse, el número de Jay Lemberger fue uno de los más sonados. El joven, que había sido monáguillo de Kos, se había quitado la vida a los 21 años, seis meses antes de que empezara una investigación formal contra el sacerdote.
La familia fue uno de los ocho peticionarios, pues los padres del joven argumentaron que su decisión se había fundamentado en los abusos del sacerdote.
«Cuando miro esta imagen, todo lo que veo es el control de la maldad y la fermedad de un sacerdote», explicó Nancy Lemberger, madre de Jay, al periodista Jan Jarboe Russell de la revista estadounidense mensual de texas.

Los Lemberger no se enteraron del abuso de Jay hasta que otras familias presentaron una demanda.
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Al parecer, el joven decía por medio de dibujos e ilustraciones lo que las palabras no podían expresar. Una mano peluda, tenis en solitario y niños pequeños en manos eran algunas de las cosas que con lápices y colores plasmaba el joven en papel.
Una condena eterna
Eso explicó Nancy al juez encargado del caso en el año 1997. Tras ser capturada en San Diego, la diócesis de Dallas y Rudolph Kos fueron pagadas 119,6 millones de dólares a favor de los demandantes.
En abril de 1998, Kos fue condenado con la condena más alta: prisión perpetua. Durante el juicio, las víctimas de Kos testificaron que el sacerdote les había pedido que se quitaran los zapatos para satisfacer sus fetiches sexuales.
Así mismo, explicaron cómo los drogaba para poder agredirlos y lo que hacía para ganarse la confianza de sus padres.
Frente a esto, el obispo Charles V. Grahmann de la Diócesis de Dallas emite una disculpa al anunciar el acuerdo monetario y la condena.
Según el medio estadounidense The New York Times, Grahmann dice: »A las víctimas y sus familias, una vez más quiero disculparme en nombre de la diócesis. Según lo que sabemos ahora, las decisiones tomadas con respecto a Rudy Kos fueron errores de juicio humano. Lamento mucho lo que pasó, y lamento profundamente su dolor.
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